Un hombre apretó el puño mientras sacaba la parte superior del cuerpo a través de la pequeña ventana de un autobús que salía de la sede de la Policía Federal de Brasil en Brasilia el martes.

“La victoria será nuestra”, fue el grito de este simpatizante. “¡Esta es nuestra libertad!” agregó.
Esta es una de las más de 1.500 personas que siguen al expresidente brasileño Jair Bolsonaro que fueron arrestados luego de irrumpir en el Congreso de la Nación, la Corte Suprema y el Palacio Presidencial el pasado domingo, algunos armados con cuchillos, hachas e incluso granadas, en escenas que recuerdan a la insurrección del Capitolio del 6 de enero del año pasado en Estados Unidos.
Las autoridades liberaron a una gran parte de los manifestantes pro-Bolsonaro arrestados en relación con los disturbios y el saqueo de instalaciones gubernamentales en Brasilia. Lo curioso, es que cuando se van, la mayoría niega haber actuado mal.
Entre los que permanecen bajo custodia, una manifestante dijo que había ingresado a los edificios gubernamentales junto con los manifestantes que entraron a la fuerza, pero también negó ser parte de cualquier acto de violencia.
“En este momento (la policía) sigue interrogando a la gente. Ayer lo hicieron con los mayores y con problemas de salud”, dijo sobre la escena dentro de la sede policial.
“Aquí es un caos porque no sabemos nada, no pueden decir exactamente si la gente está presa, si van a salir”, dijo.
Tantos manifestantes han sido detenidos desde el domingo que las autoridades tuvieron que albergarlos dentro de un gimnasio en la sede. A muchos se les permitió quedarse con sus teléfonos, algunos enviaron fotos y videos de la ubicación.
La manifestante encarcelada dijo que había pasado 50 días protestando frente al cuartel general del ejército brasileño en Brasilia, con la esperanza de que los militares intervinieran para anular las elecciones que ella cree que le robaron a Bolsonaro.
El expresidente había avivado las preocupaciones sobre el sistema electoral de Brasil antes de las elecciones al criticar el sistema de votación electrónica del país y especular que podría estar corrupto. También se negó a conceder explícitamente la elección. Sin embargo, el ejército de Brasil no encontró señales de fraude electoral en las elecciones y Bolsonaro condenó los disturbios del domingo.
“¿Nuestra intención? No aceptar todo lo que estaba pasando”, dijo la manifestante. “Las urnas, eso lo seguimos reclamando todo el tiempo, pidiendo ayuda a las Fuerzas Armadas, para ayudar al pueblo. Porque fue su golpe”.
Fuente: CNN
